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La Belleza de la Simplicidad

15/03/2017 - Categoría: Estrategia
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  • La simplicidad es la máxima sofisticación. (Leonardo da Vinci).
  • La simplificación es la clave para brillar (Bruce Lee).
  • Si no lo puedes explicar de manera sencilla es que no lo has entendido. (Albert Einstein).
  • Es posible reconocer la verdad por su belleza y simplicidad. (Richard Feynman).
  • La complejidad es tu enemiga. Cualquier tonto puede hacer algo complicado. Lo difícil es hacer algo simple. (Richard Branson).
  • Una voz fuerte no puede competir con una voz clara, aunque esta sea un simple murmullo. (Confucio).

Esta y otras frases similares enfatizan el valor de la simplicidad. Nos vienen a decir que en muchos ámbitos de la vida es preferible lo simple a lo complejo.

Quizá la más conocida de estas frases es el principio conocido como La Navaja de Ockham, atribuido al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham (1280-1349), según el cual en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Esto implica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja. Si bien no es una verdad irrefutable, ha servido (y sirve) como guía y orientación en la investigación científica durante siglos.

Steve Jobs, Bruce Lee, Einstein, Newton… muchos grandes genios en sus respectivos campos tenían la simplicidad como uno de sus mantras. Hasta el refranero español, siempre sabio, nos lo recuerda: lo bueno, si breve, dos veces bueno, o quién mucho abarca poco aprieta…

La simplicidad debería ser un valor capital hoy día en restauración, y tenerlo siempre en mente en nuestro día a día. Y ello por varias razones:

  • El creciente ritmo de cambio en todos los aspectos hace muy difícil, tanto para las empresas como para los clientes, enfocarse en algo concreto.
  • La necesidad de obtener resultados hace que nos enfoquemos continuamente en hacer más cosas, pero rara vez nos acordamos de dejar de hacer otras. Esto lleva inevitablemente al colapso: llega un momento en que no se puede dar más de sí.
  • Un negocio de restauración se compone de multitud de pequeños procesos que se repiten continuamente (hacer un plato, atender a un cliente, cambiar la carta…) y deben ser replicados (que varias personas puedan hacerlos de igual manera), por lo que cuanto más complejos o desorganizados son estos pequeños procesos más difícil es la operación, y consecuentemente más difícil es conseguir la excelencia operacional y buenos resultados.

Por otro lado hay toda una serie de ideas sociales preconcebidas que, si bien tienen su significado y lugar en determinados ámbitos, no son verdades de aplicación general.

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Simplificar en un área es saber discernir cuales son los aspectos más importantes, sus puntos clave, enfocarse en ellos o en su mejora, y de esta manera ser más eficiente.

Imaginemos la gestión de producto: en este aspecto, simplificar vendría a ser ver cuáles son los productos que más contribuyen al coste (o en los que tenemos una mayor desviación respecto al coste ideal), centrarnos en su control, y de esta manera reducir nuestro coste de producto. Otros ejemplos podrían ser simplificar procesos para conseguir un tiempo de servicio más rápido, simplificar la carta para ser más eficientes en compras, etc. Hay multitud de aspectos en la gestión de un negocio de restauración que podremos simplificar para ser más eficientes.

Y tener este enfoque siempre presente es importante, tanto para no caer en una complejidad innecesaria, como porque la mayoría de estas mejoras son pequeñas, y de por sí no parecen importantes, pero de manera acumulada pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso del restaurante.

Otro aspecto que debemos tener en cuenta en la simplificación es no caer en la trampa del “para tontos” que tantas veces se oye. Un proceso simplificado no es un proceso “para tontos”, es un proceso centrado en los puntos clave que más contribuyen al resultado, y más rápido o fácil de realizar para una persona suficientemente cualificada, responsable y con un mínimo de sentido común. No hay proceso (ni simplificado ni de cualquier tipo) que resista a una persona no cualificada o sin un mínimo de responsabilidad y sentido común.

Además el que un proceso sea fácil de hacer para personas cualificadas, no quiere decir que sea fácil de hacer para todas las personas: con una hoja de cálculo se pueden hacer muchísimas cosas además de sumar, restar, multiplicar y dividir, pero si no sabes algo de matemáticas o lo que estás haciendo, la hoja de cálculo no te va a servir de nada.

Debemos tener presente que en la mayoría de los casos la simplicidad la debemos ver de manera comparativa. Como dice La Navaja de Ockham entre varias opciones la más sencilla es la más probable. Pero esto no quiere decir que la explicación más sencilla sea fácil de entender.

Pongamos por caso la Teoría de la Relatividad de Einstein. Tanto la especial como la general están consideradas por todo el mundo (al manos por la parte del mundo que las entiende matemáticamente, entre los que no me incluyo) como un prodigio de “sencillez” matemática, y esta sencillez les confiere una “belleza” que hacen que las consideren (los físicos y matemáticos) como una verdad probable. No obstante eso no quiere decir que si yo leo las ecuaciones de Einstein las entienda, y mucho menos que vea algo ni remotamente parecido a sencillez y belleza.

Durante un tiempo, el público en general no tenía manera de entender la Teoría de la Relatividad, ni de que iba el asunto, por lo que se fueron publicando libros en los que mediante analogías y metáforas se trataba de explicar qué decían estas teorías, prescindiendo de la complejidad matemática, esas que todos hemos leído de los gemelos que uno se marcha en un viaje espacial y cuando vuelve su hermano es más viejo que él, o la del tren que se acorta con la velocidad, etc. Si bien con estas analogías y metáforas podemos entender de qué va la cosa, e incluso recapacitar en cierta medida sobre aspectos de la misma, no quiere decir sin embargo que podamos evaluar la veracidad o falsedad de la teoría evaluando la falsedad o veracidad de la parábola o analogía.

Creo que el mejor cierre de este artículo serían las palabras de Steve Jobs sobre la simplicidad: “este es uno de mis mantras: enfoque y simplicidad. Lo simple puede ser más difícil que lo complicado. Hay que trabajar duro para conseguir esta simplicidad en tus pensamientos, pero vale la pena, porque si lo consigues puedes mover montañas”.


Gracias por leernos y hasta el siguiente artículo.


AbcSystems  - Eduardo Sánchez


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