Un aspecto que debemos tener en cuenta en la simplificación es no caer en la trampa del "para tontos" que tantas veces se oye. Un proceso simplificado no es un proceso
"para tontos", es un proceso centrado en los puntos clave que más contribuyen al resultado, y más rápido o fácil de realizar para una persona suficientemente cualificada,
responsable y con un mínimo de sentido común. No hay proceso (ni simplificado ni de cualquier tipo) que resista a una persona no cualificada o sin un mínimo de responsabilidad
y/o sentido común.
Además, el que un proceso simplificado sea fácil para personas cualificadas, no quiere decir que sea fácil de hacer para todas las personas: con una hoja de cálculo se pueden hacer
muchísimas cosas además de sumar, restar, multiplicar y dividir, pero si no sabes algo de matemáticas o lo que estás haciendo, la hoja de cálculo no te va a servir de nada.
Debemos tener presente que en la mayoría de los casos la simplicidad la debemos ver de manera comparativa. Como dice La Navaja de Ockham entre varias opciones la más sencilla
es la más probable. Pero esto no quiere decir que la explicación más sencilla sea fácil de entender.
Pongamos por caso la Teoría de la Relatividad de Einstein. Tanto la especial como la general están consideradas por todo el mundo (al manos por la parte del mundo que las
entiende matemáticamente, entre los que no me incluyo) como un prodigio de "sencillez” matemática", y esta sencillez le confiere una "belleza" que hace que la consideren
(los físicos y matemáticos) como una verdad probable. No obstante eso no quiere decir que si yo leo las ecuaciones de Einstein las entienda, y mucho menos que vea algo ni
remotamente parecido a sencillez y belleza.
Durante un tiempo, el público en general no tenía manera de entender la Teoría de la Relatividad, ni de que iba el asunto, por lo que se fueron publicando libros en los que
mediante analogías y metáforas se trataba de explicar qué decían estas teorías, prescindiendo de la complejidad matemática, esas que todos hemos leído de los gemelos que uno
se marcha en un viaje espacial y cuando vuelve su hermano es más viejo que él, o la del tren que se acorta con la velocidad, etc. Si bien con estas analogías y metáforas podemos
entender de qué va la cosa, e incluso recapacitar en cierta medida sobre aspectos de la misma, no quiere decir sin embargo que podamos evaluar la veracidad o falsedad de la teoría
evaluando la falsedad o veracidad de la parábola o analogía.
De la misma manera, en restauración podemos acudir a metáforas y parábolas para hacer entender a profanos o personas sin la suficiente cualificación de que que va un proceso
simplificado, pero esto no quiere decir que esto sea suficiente para que estas personas, sin la cualificación necesaria, puedan llevar a cabo el proceso de la manera correcta:
en seguida aparecerán lagunas de conocimiento que paralizarán o echarán por tierra el proceso. Inevitablemente vamos a tener que acudir a la formación y capacitación para
que se pueda apreciar la belleza de la simplificación de manera real y práctica.
Creo que el mejor cierre de este artículo serían las palabras de Steve Jobs sobre la simplicidad: “este es uno de mis mantras: enfoque y simplicidad. Lo simple puede ser más difícil que lo
complicado. Hay que trabajar duro para conseguir esta simplicidad en tus pensamientos, pero vale la pena, porque si lo consigues puedes mover montañas”.