La partida de costes laborales suele ser la segunda más importante del establecimiento, junto con el coste de producto. En unos casos es más elevado el primero y en
otras el segundo. Pero además de por su importancia monetaria, es vital comprenderlo bien y aprender a gestionarlo por la tremenda facilidad con la que este coste
puede subir si no se gestiona adecuadamente, y su impacto en todos los ámbitos del desempeño, entre ellos el servicio y la propia venta.
Los costes laborales son mucho más difíciles de gestionar y evaluar que el coste de producto. Para empezar no disponemos de un "coste
ideal" que nos sirva de referencia a la hora de evaluar nuestros resultados, como sí podemos tener en el coste de producto. Con el coste de labor (aka COL para
los amigos, de Cost of Labor) esto no ocurre, no tenemos una referencia lineal "venta => trabajo que debemos invertir", por lo que deberemos acudir a "aproximaciones".
Es decir, tratar de encontrar una guía que nos diga, "he vendido x, luego debería haber gastado tantas horas en personal… más o menos...". O bien a futuro, para definir
cuadrantes de trabajo, hacer previsiones: "preveo vender x, luego deberé invertir tantas horas en personal…"
Estas aproximaciones se han intentado de dos maneras. La primera calculando cuanto tiempo se tarda en hacer cada tarea y luego sumando
todas las tareas que se hacen. Esta forma es muy difícil de calcular de manera que se aproxime a la realidad. Hay varias razones. La primera es que es difícil
medir el tiempo de cada tarea. Cualquier tarea en un restaurante no siempre lleva el mismo tiempo, y aunque se haga la media de muchas medidas en la vida real sigue
habiendo cosas no previstas, como que, en general, no es lo mismo hacer muchas de las tareas en cadena que hacerlas de manera individual. Y segundo y más importante,
que no es posible en la vida real encadenar tareas sin tiempo muertos. Las personas respiran, van al baño, se tienen que lavar las manos, el trabajo no viene seguido,
sino muchas veces para y luego sigue, se rompen cosas que hay que arreglar, etc. Al final todos esos poquitos se acumulan y dan una diferencia enorme. Ajustar de
esta manera los cuadrantes horarios es muy difícil, y aunque no dudo que quizá en algún sitio funcione, para la mayoría de los sitios no es adecuado.
La segunda manera es calculando la productividad media, es decir, cada cuanta venta tengo que asignar una hora de trabajo. Si por ejemplo encuentro que cada
40 € de venta por hora necesito una hora de trabajo, y mañana preveo que voy a vender 80 €, pues deberé asignar 2 horas de trabajo. Esto que parece sencillito en
el prospecto, se complica ligeramente, como ahora veremos.
Hay un tercer tipo, que en realidad es el más utilizado, que es el de decir: mi coste tiene que ser un 25% de la venta y voy a vender 100,
luego me puedo gastar 25 € en personal, y luego distribuir esos 25 € en horas de trabajo. Ojala fuera así de sencillo, pero en realidad no lo es. El coste
de personal no es lineal, y encima la venta se concentra en tramos horarios y días muy específicos. Es decir, no para cualquier venta el
porcentaje de coste es el mismo. Es fácil ver por qué. Simplemente para abrir la unidad, aunque no venda nada, necesitaré un calendario de turnos para tener una
persona al menos. Supongamos que abrimos 10 horas al día y que cada hora me cuesta 10 €, para que sea redondo. Si no vendo nada habré gastado al final del día 10 horas, 100 € de coste y el
porcentaje será... infinito. Supongamos que vendo 100 € con esas mismas 10 horas. Entonces el coste seguirán siendo 100 € y el porcentaje un 100%. Y ahora
supongamos que vendo 1.000 € con esas mismas 10 horas. Ahora el coste es un 10%.
Esto es lo que pasa en la vida real, el coste de labor tiene un componente fijo y otro variable (como mínimo, que ambos los podemos estructurar y dividir
más todavía). El componente fijo es que tengo que asignar una serie de horas, aunque no venda nada, simplemente para abrir la unidad. Este coste es fijo. A su vez
con estas horas fijas puedo vender una cierta cantidad de dinero (supongamos que 50 €). Quizá en determinadas horas lo venda (las horas punta), y en otras no lo
venda, y no pueda amortizarlo. Y quizá en algunas horas, como las horas punta, venda más que esos 50 €, y necesite destinar más horas para dar un buen servicio. Si
en una hora punta por ejemplo vendo 200 € tendré que asignar horas de trabajo para cubrir 150 € de venta (los primeros 50 € ya los cubro con la hora fija). Estos
150 € es la parte variable del coste.
Cuando digo que con una hora fija puedo vender hasta 50 €, y a partir de ahí tengo que asignar más horas, estoy diciendo que la productividad de las horas fijas son
50 €. La productividad de las horas variables es más alta que la de las horas fijas, es decir, puedo vender más con ellas. La razón es que, primero, vienen a
tiro hecho, ya hay venta, por lo que no hay tiempo de inactividad, la hora se aprovecha entera para producir. Y segundo porque no se hacen tareas auxiliares. En las horas
fijas sin embargo siempre hay algo que hacer, además de vender: limpiar algo, preparar, recibir pedidos, etc. Supongamos que la productividad de las horas variables es de 75 €, es decir por cada 75 euros vendidos a partir de los 50 iniciales asigno una hora más… como tengo que cubrir 150 € de venta, tendré que asignar 2 horas de trabajo.