El segundo punto importante tiene que ver con la información de que dispone el cliente para evaluar la calidad de nuestro producto. Imaginemos que
tenemos en los postres un yogurt biológico, realizado de manera totalmente artesanal, que nos traen especialmente a nosotros desde una aldea gallega y
que evidentemente nos cuesta de materia prima sustancialmente más que un yogurt normal, por lo que también lo cobraremos sustancialmente más caro que un
yogurt normal. Nosotros tendremos toda la información de porqué pagamos más y habremos entendido que merece la pena. Pero ¿tiene el cliente también toda
esa información para juzgar? Si no la tiene lo único que verá es que el yogurt esta "un poco más rico", pero lo seguirá comparando con la información
normal en el mercado, la del yogurt normal, por lo que probablemente concluirá que sí, está más rico, pero es un robo lo que cobramos por él.
Debemos tener este aspecto siempre muy presente, porque puede que tengamos un gran producto pero que, paradójicamente, como el cliente no cuenta con
información para valorarlo, "se esté volviendo contra nosotros". Créeme, ocurre en muchísimas ocasiones.
Debemos asegurarnos de que el cliente dispone de toda la información pertinente para juzgar nuestro producto. En caso contrario, si entendemos que se
puede "volver contra nosotros", puede ser necesario incluso cambiar el producto. En este aspecto la información comercial que haya en la unidad, ya sea
directamente en las cartas, en nuestra página web o incluso flyers hechos exprofeso con este propósito pueden ayudar al cliente a evaluar el producto.
Pero como anteriormente, la actitud que tenga el personal de servicio en cuanto a informar de las características del producto será crucial a la hora
de que el cliente valore de manera positiva este tipo de productos.
O imaginemos otro ejemplo: vemos que el público prefiera un producto que sabemos que es de "menor calidad" que otro. Ocurre con mucha frecuencia en las
tendencias. Se lleva lo sano, pero los clientes pueden preferir un cocido a una ensalada. Quizá es más sano el pan integral, pero los clientes siguen
prefiriendo el pan blanco. Debemos tener precaución no solo al evaluar "la calidad" sino también al evaluar la información que nos transmitan los
clientes: pueden decir que prefieren lo sano, pero a la hora de la verdad elegir lo menos sano. Somos animales sociales, y cuando nos preguntan
sobre algo solemos adherirnos a las tendencias o lo políticamente correcto, pero luego en la vida real actuar de manera muy diferente.
Debemos tener presente que lo que el cliente cree ES la realidad, pero esta realidad del cliente puede ser en ocasiones contradictoria o contraria a la
nuestra, sobre todo cuando entra en juego el término "calidad". Imaginemos el ejemplo del café. Actualmente todo el mundo está de acuerdo que en general,
el café 100% natural es "de mayor calidad" que el café con mezcla de torrefacto. Pero aun hoy en muchos sitios de España se prefieren el café con
mezcla de una cierta cantidad de torrefacto, porque si no les sabe a "aguchirri".
Otro ejemplo es el pan. A cualquier panadero tradicional le entran tics en el ojo cuando le hablas de la calidad del pan precocido y congelado pero
recién hecho que encontramos por ejemplo en gasolineras. Para ellos esta calidad, comparada con lo que ellos entienden que es calidad del pan en cuanto
a harinas utilizadas, masa madre, amasado, horneado, etc. es muy baja, por decirlo de un modo suave. Sin embargo vemos que hoy en día, como cada día
crece la preferencia del público por adquirir pan "recién hecho", todavía caliente. Esta sola característica puede definir casi totalmente lo que
significa calidad para el cliente.