Cuando se hacen los dos, el primero que se hace es el de producto modificado. Con los escandallos, el sistema descompone lo contado en las materias primas que
lleva dentro: la masa que está fermentando y las tartas montadas se convierten en la harina, la mantequilla y los huevos que llevan. Ese resultado se guarda en su
propia columna, al lado del conteo de materia prima, y el stock final del periodo es la suma de los dos.
Hacerlo así importa, porque lo que no se cuenta se da por gastado: sin el recuento del producto a medio elaborar, el cierre carga como consumo del
periodo lo que en realidad sigue en el local, y el gasto sale más alto de lo que fue.
El inventario de producto modificado es opcional, y depende de lo que tenga cada negocio. En un restaurante los productos intermedios se conservan
refrigerados y no aguantan, así que la cantidad nunca llega a ser importante y con contar la materia prima suele ser suficiente. En panadería y pastelería es al revés:
hay masas, rellenos y producto terminado en cantidad, y ahí el recuento hace falta casi siempre.