¿Quién carga las ochocientas referencias que compro?
La carga inicial la hacemos nosotros, en la puesta en marcha, a partir de las tarifas de tus proveedores. Lo que es trabajo tuyo es reunirlas y decidir qué entra en el
catálogo y qué no, y conviene hacerlo con calma: cuantos más datos aportes, mejor queda configurado y menos hay que corregir después. A partir de ahí queda el
mantenimiento, que son los precios que cambian y los productos nuevos: unos pocos al mes.
Los precios me cambian cada dos semanas, ¿esto no se queda desfasado enseguida?
Se queda desfasado si no lo mantiene nadie, igual que la tarifa que tienes en el cajón. La diferencia está en que aquí el precio de la ficha es contra el que se comprueba
cada entrega, así que la subida aparece el día que te la aplican y no tres meses después. Mantener el catálogo es atender a lo que salta, no repasar ochocientas fichas.
Me sé de memoria lo que me cuesta cada cosa, ¿para qué quiero las fichas?
El precio que se recuerda es el de la caja, y el que decide tu margen es el del kilo servido: con el descuento aplicado, el porte repartido y descontado lo que se pierde
al limpiar. Ese número cambia cada vez que se mueve uno de los tres, así que no se lleva en la cabeza. Y hay una segunda parte: un precio que solo está en tu cabeza no lo
puede usar nadie más, ni para hacer un pedido, ni para comprobar una factura, ni para calcular lo que cuestan ochenta platos.
Compro a quien me da mejor precio, ¿qué me aporta esto?
El dato con el que saber quién te lo da. La garrafa de cinco litros con descuento y portes incluidos y la caja de cuatro botellas con transporte aparte no se comparan
mirándolas: hay que reducir las dos a euros por litro de producto aprovechable, y esa cuenta no se hace en mitad de un servicio con el comercial delante. Con las dos
fichas puestas, la comparación se hace en dos segundos y a veces sorprende.
Le compro casi todo a un distribuidor, ¿esto es para mí?
Sí. Ese distribuidor te vende en cajas y tu carta se gasta en gramos, así que la traducción hace falta igual, y de ella salen el coste de tus platos y las líneas que
cuentas en el inventario. Con un solo proveedor tienes además el catálogo más fácil de mantener. Y el precio por unidad escrito es justo lo que necesitas el día que
quieras comparar con otro o sentarte a renegociar con el que tienes.
¿Quién mantiene el catálogo al día?
Lo lleva el propio negocio, normalmente quien se encarga de las compras, y es un mantenimiento sencillo: los precios que cambian, los productos que entran y los que se
dejan de usar. Son unos minutos a la semana, y buena parte de los cambios de precio se recogen al registrar las entregas. Para los picos, un cambio de carta extenso o una
revisión general de tarifas, se pueden contratar apoyos puntuales.