En un turno se prepara, se repone, se limpia, se forma y se hace el pedido, y esas horas ya están dentro de las que trae el cálculo. Lo que queda por decidir es quién
las hace y en qué momento del día.
Con el día repartido en tramos se ve dónde están los huecos, que suelen ser cortos y caer justo antes y justo después de la punta. Al montar el cuadrante se decide
quién ocupa cada uno, y eso se deja escrito en el comentario del día, que va con el horario: quién prepara, quién repone y quién recoge.
Cuando el turno se reparte con las tareas dentro, dejan de hacerse a las siete corriendo o de no hacerse. Y la persona que está en el local a las
cinco de la tarde tiene delante algo que hacía falta.
Repartir bien es más fácil cuanta más gente sepa hacer más de una cosa: quien reparte puede ayudar a preparar mientras no hay pedidos, y quien está en cocina puede
salir a barra cuando entra un grupo, así que una sola persona refuerza dos zonas. Eso se trabaja en
Gestión de la Formación.