1
Elegimos por dónde se empieza
Por las tareas donde más se nota que cada uno va por su cuenta y por las que más caras salen cuando fallan. Un bloque cerrado vale más que veinte empezados.
2
Vemos si ya hay un proceso redactado o se hace nuevo
La mayoría de los procesos en el sector son los mismos de un negocio a otro: los financieros, de recursos humanos, comerciales, etc. Van a diferir algunos procesos
de producción y servicio, que se adaptan o se definen enteros.
3
Ponemos el proceso del sector encima de la mesa
Ya redactado, con su objetivo, sus responsables, el procedimiento, los indicadores y las desviaciones críticas. Tu trabajo pasa a ser leerlo y señalar lo que en tu
negocio se hace de otra manera, así que lo que sale lleva tu nombre y se parece a tu instalación, a tu carta y a tus horarios.
4
Lo contrastamos con quien hace la tarea
Esta es la parte que casi nadie se salta dos veces. El que recepciona todos los días sabe cosas que no están en ningún documento, y además, si ha participado,
después lo cumple.
5
Decidimos, y queda decidido
Cuando hay dos formas buenas hay que elegir una. Aquí aportamos lo que hemos visto funcionar en negocios como el tuyo, para que la decisión salga de una referencia y
no de una discusión. Cada "depende de quién lo haga" que pasa a "se hace así" te quita una discusión recurrente.
6
Se publica y se conecta
El documento entra en el sistema, pasa a ser material de formación del puesto que corresponda y queda como referencia de los puntos que se revisan. A partir de ahí
ya no es un archivo, es la forma de trabajar.