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Auditoría y Consultoría

Pantalla de una auditoría de ASIGH abierta en una tableta, con el auditor, el auditado, la fecha y el resultado arriba, y debajo los puntos agrupados por bloques con sus puntos posibles y obtenidos

Un proceso con pasos definidos para resolver un problema de tu negocio: qué se quiere conseguir, por qué no se está consiguiendo y qué hay que cambiar para lograrlo.

Casos que nos encontramos en el día a día. ¿Te ha pasado a ti?

Todos los informes acaban en el mismo cajón

Si alguna vez has encargado una auditoría sabes cómo termina: un documento largo que se lee una vez, se comenta en una reunión y no vuelve a abrirse. Tres meses después todo sigue igual. El problema no era el informe, era que nadie decidió qué se hacía con él.

Qué es un proceso de auditoría y consultoría

Un proceso estructurado, con sus pasos definidos, para resolver un problema o mejorar el desempeño de un área de tu negocio. El área puede ser cualquiera: la seguridad alimentaria, la operativa de la sala, el coste de la materia prima o el rendimiento de un turno.

La auditoría es una parte del proceso, y es la parte que casi todo el mundo tiene en la cabeza, pero es una parte: es la fase en la que se mide, por lo que dicen los números y por lo que se ve recorriendo el local. Medir, por sí solo, no cambia nada.

El resto del proceso es la consultoría: fijar qué se quiere conseguir, averiguar por qué no se está consiguiendo y decidir qué hay que cambiar. Y después acompañar mientras eso se pone en marcha, hasta comprobar si ha servido.

Pantalla de diseño de auditorías de ASIGH: arriba la auditoría con sus umbrales de necesita mejora, aceptable y excelente, y debajo la lista de procesos que la componen, cada uno con sus puntos y su marca de crítico

Cómo es el proceso de Auditoría y Consultoría

Seis pasos que empiezan en lo que te duele y terminan comprobando si aquello sirvió.

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Nos cuentas qué está pasando

Qué te duele, desde cuándo y qué quieres resolver. De ahí sale el alcance, porque una auditoría se hace sobre lo que a ti te importa y no sobre todo. Mirarlo todo se puede, pero eso se hace una vez y no se repite; lo que sale de tu propio problema se repite cada mes, que es lo que sirve.

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Se mira lo que dicen tus datos

Con ASIGH esa parte está resuelta: los números del área que estemos mirando salen del propio sistema. Y aparece de paso algo que no se espera nadie, que es qué no se está recogiendo y debería recogerse, porque ahí suele estar media explicación.

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Y se audita el turno de verdad

Los datos solos se quedan cortos, así que casi siempre hay que auditar uno o varios turnos reales: qué procesos deberían estar en marcha y no lo están, y cómo se desempeña la unidad mientras trabaja. Cada punto tiene su documento detrás, así que auditor y auditado leen lo mismo antes de empezar.

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Se analizan las causas

El dato dice qué pasa; nunca por qué. Aquí se cruza el número con lo que se ha visto en el turno y con lo que cuenta la gente que está en ello todos los días, que es donde suele aparecer la explicación.

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Sale el plan de acción y se implanta contigo

Pasos concretos, cada uno con su fecha y su responsable. Y no se entrega y hasta luego: se pone en marcha contigo, con los procesos que haya que cambiar y la formación que haga falta para que el equipo sepa hacerlo.

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Y pasado un tiempo se comprueba

Se vuelve a medir lo mismo para ver si el plan ha dado resultado. Es el paso que casi nadie da, y es el que separa haber hecho un informe de haber arreglado algo.

Las dos claves del éxito del proceso

De los seis pasos hay dos que pesan más que los otros cuatro juntos, y son los dos primeros.

Qué se quiere conseguir

Dicho con precisión y con un número al lado, no como intención. "Mejorar la rentabilidad" no es un objetivo; bajar dos puntos el coste de materia prima de cocina antes de junio, sí. Un objetivo mal fijado se lleva por delante todo el trabajo que venga detrás, porque se acaba resolviendo con mucho esfuerzo algo que no era el problema.

Por qué no se está consiguiendo

Las causas de verdad, no las que se dan por sabidas. Aquí es donde hacen falta los datos y el turno auditado, porque la explicación que todo el mundo repite en la reunión casi nunca es la que aguanta cuando se mira de cerca.

Con esas dos cosas bien hechas, la mitad del trabajo está hecha y el plan de acción se deduce casi directamente de ellas. Con esas dos cosas mal hechas, no hay plan que lo arregle.

En qué se acaba trabajando casi siempre

Cambia el problema y cambia el área, pero el plan de acción ataca casi siempre por los mismos tres sitios.

Recoger los datos que faltan

Muy a menudo el dato que hace falta para decidir no se está recogiendo, o se recoge de una manera que no permite compararlo. La primera acción del plan suele ser ponerlo a recoger bien en ASIGH, y desde ese momento el problema se puede seguir.

Definir los procesos que intervienen

Los que existen y hay que corregir, y los que no existen y hay que crear. Un proceso escrito es lo que permite auditar después, porque da la vara de medir, y es lo que hace que la solución no dependa de quién esté ese día en el turno.

Formar a quien lo tiene que aplicar

A los empleados y a la gerencia, que es la parte que más se olvida. Un proceso nuevo que nadie ha aprendido dura lo que dura la primera semana. La formación también va estructurada y dentro del sistema, con su constancia de quién la ha hecho.

Pantalla del plan de acción de ASIGH: la cabecera con el objetivo, el responsable y las fechas de inicio, revisión y fin, y debajo una de las acciones del plan, con su supervisor, su responsable, sus fechas y sus comentarios

Los dos primeros frentes son, cada uno, un servicio nuestro: Definición de Procesos de Trabajo y Capacitación y Aprendizaje. Se contratan sueltos, y aquí aparecen porque son la herramienta con la que se resuelve casi cualquier plan.

El plan lo implanta la dirección de la empresa

Nosotros lo escribimos, lo montamos y estamos al lado mientras se pone en marcha, pero quien lo implanta es la dirección, y cada acción, el director del área a la que toca. Sin la implicación y el empuje de la dirección no está asegurada la colaboración del equipo, y sin la colaboración del equipo no hay plan que salga adelante. De todas las condiciones de este trabajo, esa es la que más veces decide si acaba en resultados o en una carpeta.

Lo primero que se revisa es si el plan se ha implementado correctamente

Lo primero no es verificar si el plan funciona, sino si se ha implementado correctamente. Parece lo mismo y no lo es: un plan que no se ha puesto en marcha como estaba escrito no puede funcionar de ninguna manera.

Primero, si se ha implantado correctamente

Si las acciones se hicieron, si se hicieron como estaban definidas y si llegaron a todo el mundo. Hasta aquí no se juzga el plan, se juzga su puesta en marcha.

Después, si da resultado

Que es la pregunta que importa. Y si está bien implantado y aun así no lo da, lo que falló fue el diagnóstico: se vuelve a las causas, que para eso el proceso está ordenado en pasos.

Y finalmente si se mantiene en el tiempo

Procesos, formación, operativa y auditoría van enlazados e integrados dentro de nuestro sistema de trabajo. Usar las herramientas adecuadas es la base del éxito para que los cambios se asienten en el tiempo.

Qué te queda

Si no se mide, no se mejora. Y medir sin hacer nada después tampoco mejora nada.

Una vara de medir estable

La misma en enero y en octubre, en la unidad grande y en la pequeña. Sin eso, cualquier comparación entre meses o entre locales es un espejismo.

Discusiones que se acaban rápido

Cuando un punto tiene su documento detrás, la conversación va sobre si se hizo o no se hizo, y dura dos minutos en vez de media reunión. Corregir deja de ser una cuestión personal.

Un plan que se puede seguir

Con responsable y supervisor por tarea. La diferencia entre una acción que se hace y una que se olvida suele ser exactamente esa.

Histórico para saber dónde meter el dinero

Cómo ha evolucionado un área en el último año, o las unidades de una zona. Y cuando el mismo fallo se repite en varias, eso señala un problema de fondo: arreglarlo una vez lo arregla en todas.

La causa, por escrito

Con los datos y con lo visto en el turno detrás, así que deja de ser la opinión de quien habla más alto en la reunión. El asunto que llevaba meses volviendo deja de volver.

La comprobación, ya con fecha

Con qué se va a mirar dentro de unos meses si esto ha servido, y cada cuánto. Decidido ahora, que es cuando se decide bien.

Preguntas frecuentes

Yo ya sé cómo está cada unidad, las visito todas las semanas.

Seguramente sea verdad, y esa visita hay que seguir haciéndola. Lo que la visita no te da es la comparación: qué unidad ha mejorado respecto a marzo, en qué falla siempre la misma área en las cinco, si lo que pusiste en marcha hace dos meses se sostiene o se ha caído. Eso solo aparece cuando lo que ves queda registrado con los mismos criterios cada vez. La auditoría no sustituye a tu ojo, lo convierte en histórico.

Auditar suena a poner a mi gente en el punto de mira.

Depende por completo de cómo se enfoque la consultoría y de lo que se haga después con el resultado, y eso es una decisión tuya. Se pueden buscar errores y culpables u oportunidades de mejora. No es simplemente dos formas de decir las cosas: son dos enfoques de la situación completamente opuestos. Una auditoría cuyo destino es una bronca genera exactamente lo que te imaginas: gente preparando el día de la visita. Una auditoría cuyo destino es un plan de acción con tareas concretas y responsables genera lo contrario, porque a tu equipo le quita de encima lo peor de todo, que es no saber qué se espera de él. Y como cada punto tiene detrás un documento, nadie puede sentirse juzgado a dedo.

No tenemos procesos escritos. ¿Podemos empezar igual?

Sí, y de hecho es lo más habitual: que no estén escritos suele ser una de las causas del problema que nos traen, así que definirlos entra en el plan de acción en lugar de ser un requisito para empezar. Lo que no se puede es evaluar algo contra algo que no tiene baremo. "Se atiende al cliente con rapidez" parece un criterio, pero pregunta cuánto es rápido y te darán tres respuestas, y ahí la auditoría deja de medir y pasa a opinar con número. Por eso en las áreas que se vayan a mirar se define primero y se mide después, aunque sean pocas: vale más medir bien tres cosas que medir mal veinte.

Ya nos audita una empresa externa.

Si lo que tienes es una certificación, esa la concede una entidad acreditada, sigue haciendo falta y nosotros no la sustituimos. Y si lo que tienes son auditorías que te dejan un informe con una nota, la diferencia es la de esta página entera: aquí la auditoría no es el encargo, es una fase dentro de él. Se parte de un problema que quieres resolver, se mide para saber por qué pasa, se decide qué se cambia y se acompaña hasta comprobar si ha servido. Las dos cosas conviven bien, porque cuanto más ordenada esté la operación por dentro, mejor sale cualquier auditoría de fuera.

¿Tenéis que venir vosotros cada vez?

No, y no es lo que buscamos. Lo habitual es acompañar en las primeras, que son las que fijan el criterio, y a partir de ahí que las haga gente de tu empresa. Nosotros entramos cuando interesa una mirada de fuera, cuando hay que revisar el cuestionario porque el negocio ha cambiado, o para el análisis de la evolución de un año, que es donde una perspectiva externa se paga sola.

¿Y esto vale con una sola unidad?

Vale desde el momento en que quieres comparar tu negocio consigo mismo. Con varias unidades la auditoría añade la comparación entre ellas, que es muy potente, pero en una sola sigue teniendo todo el sentido: te dice si lo que decidiste en enero se sigue haciendo en julio. Eso no lo sabe nadie de memoria.

¿Esto no es lo que hace una consultora?

Es el mismo oficio, con dos diferencias que se notan en el resultado. La primera es que no terminamos al entregar el informe: el plan se implanta con vosotros y después se vuelve para comprobar primero si se ha implantado y luego si ha servido. La segunda es que existen las herramientas para trabajar y además están dentro del sistema que ya usas, así que los datos, los procesos, la formación y la propia auditoría quedan enlazados y disponibles después, en lugar de acabar en un documento que hay que mantener aparte.

¿Y si el problema es que no tengo el dato?

Pasa a menudo, y no es un obstáculo: es el primer hallazgo. Que un dato no se esté recogiendo, o que se recoja de una forma que no permite compararlo, suele explicar por qué el problema lleva ahí tanto tiempo, porque nadie ha podido verlo entero. La primera acción del plan es entonces ponerlo a recoger bien en el sistema, y a partir de ese momento el asunto se puede seguir mes a mes.

Piensa en la última revisión que hiciste. ¿Cambió algo?

Si la respuesta es que no, el problema no está en cómo se revisó, está en lo que vino después. Cuéntanos cómo lo hacéis y te decimos por dónde empezaríamos.

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