Un problema añadido de la "gestión por Aspirinas" es que cuanto más alto estás en el escalafón, a más gente afecta, ya que hay más personas por debajo.
En ocasiones no es fácil ver de donde surgen los problemas, en otros la causa está por encima de nosotros y el hacer "lo políticamente correcto" o
simplemente el instinto de supervivencia nos hacen minimizarlo y/o ocultarlo. Y finalmente en otros la causa seremos nosotros mismos... y aquí con la
iglesia hemos topado amigo Sancho. Cuando esto ocurre dentro del top #2 o #3 de los directivos de la empresa las consecuencias pueden ser muy considerables.
Si en estos casos concurren un estilo de dirección o cultura empresarial acentuadamente piramidal y una alta autoestima personal, quizá producto de
éxitos pasados, el camino suele ser un progresivo aislamiento de la realidad e irse encerrado en una "caja" personal que conseguirá minimizar con
seguridad los éxitos de todo el equipo. La empresa y este directivo puede seguir teniendo éxito en muchas ocasiones, pero este estará siempre alejado
del que podría haber conseguido de no haber caído en la Gestión por Aspirinas. Y la causa es muy sencilla: la Gestión por Aspirinas pone piedras en el
camino (problemas) en lugar que quitarlos; podremos seguir avanzando sorteando las piedras pero siempre iremos más lentos que si no las hubiera.
El problema en este caso es que es fácil ver lo que avanzamos, pero muy difícil de ver lo que podríamos haber avanzado de no habernos "encontrado"
estos obstáculos en el camino, con lo que, lejos de solucionarse, estas situaciones adquieren un circulo vicioso que se va agravando con el
tiempo.
Todos podemos caer en una u otra ocasión en la Gestión por Aspirinas, sobre todo porque en ocasiones nos vendrá impuesta, pero es importante darse cuenta de dos cosas:
cuando está ocurriendo, y sobre todo, si somos nosotros la causa, porque si es así estaremos haciendo caer en ella a muchas más personas. No hay soluciones
mágicas, como para casi nada, para evitar esto y las que hay van a depender y partir siempre de nosotros mismos: de analizarnos interiormente y a nuestro entorno con
la mayor ecuanimidad posible, y sobre todo de permitir y escuchar las opiniones de los demás. Podemos considerarnos a nosotros mismos unos genios, pero debemos de ser
conscientes que el directivo más efectivo para una empresa no es el que es él mismo un genio y consigue que sus empleados sigan fielmente sus instrucciones,
sino el que es él mismo un genio y consigue que cada uno de los miembros de su equipo lo sea.